Actualidad y noticias de Sicilia dentro y fuera de la isla.
El Teatre El Musical (TEM) de Valencia estrena mañana una adaptación teatral de los cuentos más famosos de Luigi Pirandello que, entrelazados en una sola obra, sorprenden al espectador con un “humor ácido, trágico e irónico que no es habitual” en el autor y le invitan a cuestionarse temas como la superstición, la injusticia o el engaño a través de un “caleidoscopio” de personajes vistos desde distintas perspectivas y envueltos en una trama de misterio, drama y poesía.

"Seis personajes en busca de autor", de Luigi Pirandello.
Bajo el título ‘Tantas voces…’, Juan C. Plaza-Asperilla realiza una adaptación dramatúrgica de los cuentos ‘Tengo tantas cosas que contarte’, ‘La casa de Granella’, ‘El hombre de la flor en la boca’, ‘Limones de Sicilia’, ‘El certificado’ y ‘Alguien ha muerto en el hotel’, que estará en cartel hasta el domingo 29 de marzo, y presentada hoy en rueda de prensa por su directora, Natalia Menéndez; el productor, Andrea D’odorico, y los algunos de los siete actores que interpretan a 40 personajes.
Se mezclan así en un “divertido juego de espejos” sobre el que planea la persistente idea de Pirandello de que “todos podemos ser uno, mil o ninguno” y de que “cada uno estamos viviendo una vida con la que no estamos de acuerdo”, apuntó la directora del espectáculo. Para ello, continuó, utiliza “claves muy reconocibles” con las que el público se va a sentir identificado en algún momento y se va a “cuestionar” cosas, aseveró Menéndez.

Escena de Tancredi
El Teatro de la Maestranza acoge desde mañana y hasta el día 22 Tancredi, un montaje que recupera el final feliz que compuso Rossini en la primera versión de la ópera y que propone al espectador, a través de su escenografía, un “viaje fantástico” por la vistosa imaginería de la Sicilia de la Edad Media.
Tal como explicó el maestro Maurizio Benini, “elegimos el final feliz porque fue el primero que escribió Rossini” para la versión que estrenó en Venecia, antes de presentar en Ferrara, más tarde, la obra con un desenlace trágico. La idea inicial del Maestranza, apunta Benini, “era hacer los dos finales, el feliz y el trágico, para representarlos en días diferentes”, pero el gran número de ensayos que requería este planteamiento y los compromisos del impresionante reparto impidieron materializar esta opción. “Así que este año estamos aquí con el final feliz, pero quizás el año que viene aparezcamos con el trágico”, bromeó el director.
Un cómic retrata sin tapujos el miedo de un barrio siciliano bajo la tiranía de la ley del silencio – Sus autores denuncian los métodos de la ‘omertà’
Brancaccio es un barrio de Palermo donde no existe el Estado, pero sí la ley, unas normas no escritas que no imponen ni policías, ni jueces, sino unos tipos que dan órdenes con gestos, miradas y palabras que nunca llegan a pronunciarse. Los autores sicilianos Giovanni di Gregorio, guionista, y Claudio Stassi, dibujante, han retratado en el cómic Brancaccio (Norma) ese lugar donde las peleas de perros son habituales pero no existe una comisaría y donde los servicios sociales brillan por su ausencia.
La historia tiene puntos en común con Gomorra, aunque afortunadamente sus autores no han tenido los problemas a los que se enfrenta Roberto Saviano, que vive escondido, sometido a una permanente amenaza de muerte de la Camorra. Sin embargo, como ocurre con el libro del napolitano, todo lo que se cuenta en sus páginas es real, todo lo que se describe ha ocurrido y, lo que es peor, sigue ocurriendo. Stassi, de 31 años, ha pasado casi toda su vida en Brancaccio y ahora reside en Palermo. Di Gregorio, palermitano de 35 años, lleva varios años afincado en Barcelona.
“Nos encargaron un cómic sobre la Mafia”, explicaba Di Gregorio durante el Festival del Cómic de Angulema, el mayor encuentro europeo dedicado a los tebeos, que se clausuró el domingo en esa ciudad del centro de Francia. “Pero no queríamos contar la historia de grandes personajes, sino describir la cotidianidad, porque ése es el sustrato en el que la Mafia encuentra su fuerza, la cultura del silencio, de la pobreza y la opresión. Lo peor de la Mafia es la cultura que genera, porque ha conseguido organizar a su alrededor todo un sistema social”.
“He vivido 30 años en Brancaccio”, prosigue Stassi, que acaba de publicar en Italia Per questo mi chiamo Giovanni, un cómic basado en un libro de Luigi Garlando, en el que relata la historia reciente de Sicilia a través de un padre que le cuenta su hijo la vida del juez Giovanni Falcone, símbolo de la lucha anti-Mafia, asesinado en 1992. “No hemos inventado nada, todo es real. Hemos cosido, hemos montado un puzle con diferentes personajes, un niño, un ama de casa y un vendedor ambulante”, prosigue. Como Pulp fiction, de Quentin Tarantino, o los filmes de Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, esta novela gráfica relata varias historias que al final se acaban cruzando.
Una de las cosas más sutiles del tebeo es cómo logra recrear el lenguaje de la Mafia. “Es algo que conozco muy bien, porque he crecido allí. Cuando dicen ‘Si no vienes, no pasa nada’ después de que el mafioso local reclame ver al vendedor ambulante, en realidad está diciendo ‘Si no vienes te vas a meter en un lío’. Las miradas son también esenciales, el modo en que alguien te dice que ya puedes irte o que vas a tener problemas sin pronunciar una sola palabra. De hecho, me propusieron hacer un cómic parecido sobre Nápoles y dije que no porque no conozco esos códigos”, prosigue Stassi.
“Queríamos mostrar las consecuencias de los pequeños compromisos cotidianos, de cómo la gente se autoinflige la Mafia casi sin darse cuenta al respetar un sistema”, asegura Di Gregorio. Se refiere a lo que la escritora siciliana Simonetta Agnello-Hornby, autora de La Mennulara, llama la mafiositá, la cultura que, ante la desconfianza que genera un Estado inexistente, conchabado con la criminalidad o corrupto (o las tres cosas), hace que sea más fácil pedir (y luego deber) un favor al otro poder.
En Brancaccio este círculo vicioso está perfectamente narrado, de hecho se trata de una historia circular sobre cómo los pequeños gestos pueden degenerar en un drama. “Movimientos como el Addio Pizzo [una organización que reúne a comerciantes que se niegan a pagar el impuesto revolucionario mafioso] son muy importantes porque demuestran que la sociedad civil puede hacer algo”, explica Stassi, aunque reconoce que su impacto es todavía mínimo y que, en lugares como el barrio que describen, todos los comerciantes siguen cediendo ante la extorsión. La sutileza de Brancaccio es que todo esto está narrado a través de la mirada de un niño, del silencio amenazador de un mafioso de cuarta, del miedo de los humildes.
Vía el País GUILLERMO ALTARES (ENVIADO ESPECIAL) – Angulema